La reforestación, una alternativa para revertir la desertificación.

Written by Ángeles Isabel Cerón Nepomuceno 0 comentarios Posted in:

 

La desertificación, o pérdida de suelo fértil y productivo, es uno de los problemas que ahondan —al reducirse el número de árboles incrementa el efecto invernadero— en la crisis climática que vive el planeta. 

Una de las soluciones es la reforestación. Pese a sus inconvenientes, se ha convertido en una alternativa para volver a colorear de verde miles de hectáreas. Sin bosques, la vida en la Tierra no sería posible.
 Estos, junto a los océanos, son el pulmón del planeta y su papel en la lucha contra el cambio climático es vital al absorber cada año unos 2.000 millones de toneladas de CO2 —principal gas de efecto invernadero y gran culpable del calentamiento global. 
La trascendencia y el valor de estos ecosistemas terrestres es tan incuestionable que su cuidado y respeto forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En concreto, el ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres busca proteger, restablecer y promover su uso sostenible. Casi una tercera parte del planeta está cubierta de bosques, lo que equivale a 4.060 millones de hectáreas.
 Estas grandes masas arboladas nos proveen de lo esencial para la supervivencia: el agua que bebemos, los alimentos que comemos y el aire que respiramos. Sin embargo, estamos acabando con nuestra fuente de vida: la mano del hombre elimina 13 millones de hectáreas de bosque cada año.



Los bosques albergan más del 80 % de todas las especies terrestres del mundo. En concreto, según El estado de los bosques en el mundo 2020 (FAO) acogen a más de 60.000 especies arbóreas, al 80 % de los anfibios, al 75 % de las aves y al 68 % de los mamíferos. Su degradación y desaparición aboca a cientos de especies a la extinción pese a los esfuerzos de conservacionismo. 
La Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea para 2030 prevé la plantación de al menos 3.000 millones de árboles en territorio europeo para contribuir a la protección de la biodiversidad.

Los árboles del bosque, al frenar el viento y la caída del agua, protegen al suelo de la erosión. Los suelos erosionados e infértiles perjudican a la agricultura y favorecen los deslizamientos de tierra y las inundaciones repentinas. La reforestación busca paliar esa situación, también acentuada por la tala indiscriminada, preservando la fertilidad del suelo con unas raíces bien adheridas. A su vez, las cuencas hidrográficas reviven con la recuperación de nutrientes.

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